La crisis política que atraviesa al Gobierno a partir de los últimos escándalos dejaron una extraña coincidencia entre las distintas facciones: «No sobra nadie», se escuchó. Tanto cambió el escenario que los que hasta hace pocos días alimentaban las especulaciones periodísticas con apuntes sobre la interna, se replegaron y creen conveniente un cese al fuego.
Al menos por ahora, hay conciencia de que el daño autoinfligido que suponen las disputas de poder no es un costo para abonar en efectivo en un contexto en el que se acumulan las revelaciones en torno al caso $LIBRA y justo cuando el principal vocero, Manuel Adorni, se encuentra fuera de servicio y con un pie afuera.
«Nadie sale ganando de esto. Ni siquiera Karina (Milei) va a ganar con que se vaya Santiago (Caputo)», puntualiza alguien del Gabinete que mira esa guerra desde afuera.
La única que no abona esa teoría es Karina, la hermanísima que, tras soportar in situ en el Palacio Libertad el respaldo público de Javier Milei a su archienemigo, se puso como meta forzar la salida de Caputo desmembrándole a su equipo. Sus adláteres admiten que ella ya avisó que esta semana dará el primer paso, aunque temen que sea contraproducente generar más ruido.
Las versiones de que Karina, a través de Eduardo «Lule» Menem, estaría realizando un casting de nombres para áreas gobernadas por su tropa no hicieron mella en el consultor. En su entorno pasaron del drama al humor y bromean al respecto.
La obsesión por contener las filtraciones es tal que la última semana el Gobierno movilizó toda una investigación interna para detectar quién había filmado a Adorni subiéndose en un vuelo privado.
Apoyado públicamente por los Milei, hay versiones que inquietan a los ministros y dirigentes que fueron obligados a salir en su defensa.



